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domingo, 29 de julio de 2018

Revisitando Proxima b: ¿qué fue de los misteriosos tránsitos?

Proxima b es el único planeta conocido en Proxima Centauri. Hay indicios en las velocidades radiales de un planeta adicional, quizá más grande y lejano, pero aún está por desvelar si la señal es actividad estelar o un planeta real. Se necesitan más datos.

Esta es una de la mejores imágenes disponibles de Proxima Centauri, la estrella más próxima. (Fuente: ESO/NASA/Hubble)

Que haya más planetas en Proxima Centauri no debería sorprendernos. Por el contrario, los estudios estadísticos muestran que es lo habitual en las enanas rojas. De hecho, recientemente, en varios sistemas con un único planeta se han detectado planetas adicionales, como GJ 1132 o LHS 1140.

Proxima es esa pequeña estrella (circulito rojo) que apenas se ve en la imagen bajo Alfa Centauri. Normalmente no es visible a simple vista.(Fuente: SkateBiker)
También es posible que haya planetas adicionales estén cerca de la estrella, donde además es más probable se que produzcan tránsitos. Es por ello, que las repetidas alertas sobre indicios de tránsitos que se han producido, todas ellas poco significativas estadísticamente, podían ser debidas a planetas reales.

Proxima b tiene una probabilidad geométrica de transitar del 1,5%, pero en un hipotético compañero  muy cercano la probabilidad podría ser mucho mayor. Un hipotético planeta 10 veces más cercano que Proxima b debería tener una probabilidad del 15%. Es verdad que el planeta habría escapado a los estudios de velocidad radial, y su masa sería reducida.

La órbita de Proxima alrededor de Alfa Centauri (Fuente: P. Kervella / D. De Martin /M. Zamani)

Las búsquedas de tránsitos en Proxima Centauri han sido numerosas. David Kipping, utilizando el humilde telescopio espacial MOST, detectó varias señales posibles: La señal S era coherente con el periodo de Proxima b, pero que no verificaba las mismas efemérides de los momentos de paso del tránsito del planeta, y la señal C que verificaba tanto el periodo como las efemérides de las predicciones. Además, esta señal C se mostró poco coherente con los resultados de la red de observatorios HAT-Sur, que tantos planetas ha descubierto.

Ya en 2017 Liu et al. publicaban la detección desde una base china en la Antártida de un posible tránsito aproximadamente coherente con la señal C de Kipping y, por tanto, con las velocidades radiales de Proxima b. Era esperanzador, aunque eran meros indicios.

Después Li et al. mostraban otro tránsito, pero no era coherente con los anteriores, sino con un planeta con un periodo de 2/4 días, de baja masa, a lo sumo 0,4 Mt. Se abría la puerta a la detección de planetas adicionales. Tenía sentido porque son los que tienen mayor probabilidad de tránsitos.

Estos son los modelos conocidos cuyas efemérides se han contrastado con los datos. K2017 es Kipping, L2017 es Liu y Li2017 es Li. El resto se han obtenido con velocidades radiales. (Fuente: Blank et al. 2018)

Tengamos en cuenta que son hallazgos poco significativos. Todos ellos nada concluyentes, pero todos juntos empezaban a hacernos sospechar que tanto indicio era ya mucha casualidad...

En este nuevo artículo se muestran los resultados de un estudio buscando tránsitos en Proxima Centauri. Dentro del proyecto GEMSS (Global Exoplanet M-dwarf Search-Survey), orientado a detectar tránsitos en las enanas rojas, se lleva estudiando Proxima Centauri desde 2006 con muchos pequeños telescopios. Según el autor, basta un telescopio de menos de 1 metro de diámetro y una CCD comercial para detectar un tránsito en una enana roja. Un planeta del tamaño de Proxima b produciría un tránsito con una profundidad de un 0,5%-1.3% (son estimaciones, el radio del planeta no es conocido).

En el proyecto se han obtenido 329 pequeñas curvas de luz con 167.445 datos fotométricos de Proxima Centauri. Se cubre un periodo prolongado, de 2006 a 2017, con datos obtenidos por numerosos telescopios. Después de filtrar las curvas menos estables, se toman 96 de ellas relacionadas con las efemérides de los modelos publicados hasta la fecha en los anteriores estudios.

El proyecto GEMSS ha acumulado una enorme cantidad de datos fotométricos sobre Proxima Centauri. En total, 329 noches de observación. Todavía están analizándolos. (Fuente: Blank et al. 2018)

El resultado no es concluyente, no se detecta nada significativo en las efemérides de los anteriores modelos. Sin embargo, quieren seguir analizando la enorme cantidad de datos y prometen una publicación adicional que vierta más luz sobre este misterio.

Detectar tránsitos en Proxima Centauri no es trabajo fácil. Podrían estar produciéndose tránsitos derivados de planetas y quedar escondidos bajo las variaciones de las curvas fotométricas, debidas sobre todo a numerosas fulguraciones de baja intensidad, manchas estelares y errores sistemáticos.

Una buena noticia es que TESS observará Proxima Centauri durante al menos 27 días, como parte de su búsqueda global de planetas. Mientras escribo estas líneas sea anuncia que TESS ya ha empezado a producir ciencia y en estos momentos está observando el hemisferio sur. La precisión será mucho mayor, y esperemos que pueda ayudar a desentrañar este misterio.



Centauri Dreams sobre GEMSS

2016. Se identifican tránsitos con una significatividad estadística que no es muy elevada. Algunos son coherentes con el planeta. Otros no. (Kipping)

Mis comentarios sobre el artículo de Kipping.

2017. Nuevos indicios de tránsitos de un equipo independiente . Son coherentes con el planeta, salvo algún desfase explicable (TTV). (Hui-Gen Liu et al.)

Mis comentarios sobre Liu:

2017. Yiting Li et al. Más indicios de tránsitos.

Mis comentarios sobre Li:

2017. Los comentarios escépticos del astrónomo Hugh Osborn.

2018. Nuevos estudios con resultados no concluyentes.


domingo, 10 de junio de 2018

Revisitando Proxima b. El Eco de las Superfulguraciones.

A menudo las enanas rojas, como Proxima b, son estrellas activas, produciendo intensas fulguraciones estelares. Estas fulguraciones están asociadas a drásticos y momentáneos aumentos de la luminosidad de la estrella, que podrían ser una magnífica oportunidad para ayudarnos a detectar planetas en otras estrellas, utilizando lo que podríamos llamar “El Método del Eco”.

Proxima Centauri, vista desde el HST. Quizá este telescopio debería realizar fotometría de alta cadencia de la estrella más cercana. (Fuente: Hubble Space Telescope.)

El método en cuestión consiste en detectar, unos segundos tras el aumento del brillo de la estrella derivado de la fulguración, un aumento menos intenso, asociado al reflejo de la luz de la fulguración sobre el planeta. Y no es fácil.

A la Tierra llegaría el aumento de brillo de la fulguración y una pequeño "eco" con unos segundos de retardo derivado del reflejo sobre el planeta. (Fuente: NASA. Crédito: Chris Mann)

Esta técnica abriría nuevas posibilidades. La mayoría de los exoplanetas se detectan por tránsitos (cuando el planeta pasa por delante de la estrella), o por velocidades radiales. La detección por este método serviría para estudiar la numerosa población de las estrellas activas, principalmente enanas rojas.

William Sparks (Space Telescope Science Institute) asegura que el Telescopio Espacial Hubble podría tener alguna posibilidad de detectar planetas aplicando esta técnica. Para ello, propone la observación de las estrellas justamente tras la ocurrencia de una fulguración.

El contraste entre el brillo de un planeta como la Tierra y una estrella como el Sol es de 10e-10. A priori, una estrella enana roja, con 1% de la luminosidad del Sol tendrá los planetas en la zona habitable mucho más cerca. El resultado será un contraste de 10e-8. Claro, luego tendrán que realizarse ajustes sobre este dato porque de toda la emisión bolométrica de la estrella la mayoría se emite en el infrarrojo. Tras esta corrección nos queda un contraste para Proxima b que puede estar entre 10e-5 a 10e-7.

Una superfulguración podría mejorar este contraste, porque pasados unos segundos tras el estallido de luz la estrella reduciría su brillo, pero el planeta lo aumentaría, mejorando el contraste, siempre en función de la intensidad de la superfulguración.

La detección del eco es menos difícil en el ultravioleta o el azul que en las longitudes de onda más largas, ya que las enanas rojas suelen ser poco luminosas en esta región del espectro. En el FUV, por ejemplo, la emisión de las enanas rojas es reducidísima. El eco podría llegar a ser muy intenso en esta banda produciendo un contraste todavía mejor.

El caso con el contraste más favorable ocurriría cuando no pudiéramos ver la superfulguración, por producirse en la cara oculta de la estrella, pero sí pudiéramos observar su reflejo sobre el planeta.

Hay un problema que viene por el hecho de que Proxima b está muy cerca de su estrella. Si un planeta como la Tierra situado a 1 UA de su estrella ubicado a 1 parsec de nosotros queda separado por un ángulo de 1 segundo de arco, Proxima b queda a apenas 0,037 segundos de arco, 0,37 mas. Esta separación quizá algún día pueda ser resuelta por telescopios extremadamente grandes.

Gracias a las fulguraciones, si la resolución angular no da, podemos encontrar otras magnitudes con las que separar el planeta de la estrella. La más obvia es el tiempo. La detección del reflejo de la fulguración sobre Proxima b debería mostrar un comportamiento característico, con un retardo del eco tras la superfulguración no superior a los 60 segundos, dependiendo de la fase de la órbita del planeta, su inclinación y excentricidad.

Suponiendo Proxima b en una órbita circular, esta sería la señal de su "eco": un retardo entre 0 y 50 segundos en función de la fase de la órbita en la que se encuentre el planeta y un efecto Doppler entre +50 y -50 km/s. Depende de la inclinación de la órbita. El efecto Doppler es más marcado si la inclinación es de 90 ("de canto") y es inexistente si es de 0 ("de cara"). (Fuente: Sparks et al. 2018)


El autor propone un eje adicional para separar el planeta de su estrella. El efecto Doppler debería dejar su firma en la luz reflejada, imprimiendo corrimientos al rojo dado al azul en función de que el planeta se aleje o se acerque en el momento de la fulguración. Este efecto es sustancial, con velocidades del orden de 50 km/s.

Suponiendo excentricidad de 0,35 para Proxima b: Se llega a alcanzar casi 60 s de retardo porque el planeta se aleja más de la estrella en algunas partes de la órbita elíptica. Además, en el periastro se alcanzan mayores velocidades, con algo más de 50 km/s. (Fuente: Sparks et al. 2018)

El autor reconoce que no es sencillo, pero considera que puede obtenerse un contraste abordable tanto en el dominio del tiempo como en el de la frecuencia, haciendo visibles planetas en la Zona Habitable en otro caso ocultos.

Interesante, pero sin duda se necesita más trabajo, sobre todo experimental.

Otras entradas sobre los ecos de Proxima b:

Un artículo sobre el tema.

2018. El paper de Sparks.

domingo, 20 de mayo de 2018

Revisitando Proxima b. Ecos de Mundos Distantes.

Las violentas fulguraciones de Proxima Centauri podrían ser una gran oportunidad. Aunque no son muy beneficiosas para la habitabilidad del planeta (para la vida tal como la conocemos quiero decir), podrían ser una gran ayuda para conocer mucho mejor su sistema planetario.

Las fulguraciones podrían facilitar la detección de exoplaneta. (Fuente: NASA. Crédito: Chris Mann)


Un proyecto pionero de la NASA, cuya viabilidad está siendo analizada, considera que estas superfulguraciones podrían ayudar a detectar planetas de tamaño terrestre en las estrellas activas. Incluso se plantea la posibilidad de obtener toscos mapas (!) de la superficie de los exoplanetas que puedan estar orbitando cerca de Proxima Centauri, incluyendo Proxima b. Nada menos.

La técnica plantea capturar el reflejo en los exoplanetas de los aumentos de intensidad luminosa que se produzcan en las estrellas. Es algo así como capturar el eco que produce en el planeta. La clave está en que el reflejo, el eco, llegaría con un pequeño retardo, que permitiría diferenciar la señal del planeta de la señal de la estrella. La idea es que si es difícil resolver el exoplaneta angular y espectralmente, quizá pueda ser resuelto en el dominio del tiempo.

La luz de la superfulguración llegaría desde el planeta con un pequeño retardo. (Fuente: NASA. Crédito: Chris Mann)


Otras técnicas, como las que intentan capturar directamente la imagen del planeta, requieren sofisticados coronógrafos, construidos con una calidad óptica exquisita para alcanzar el elevado contraste requerido, o complejos starshades,... Aquí no es necesario todo esto.

En teoría, debería poder detectarse Proxima b, el exoplaneta más próximo, incluyendo un buen espectro del planeta y (esto me alucina) quizá mapas muy imprecisos, en los que se intuyan los continentes (!).

En la práctica, se necesita más trabajo. Comprender bien las fuentes de ruido, entender cuáles deberían ser las características de un observatorio adaptado para esta técnica, estudiar mejor la variabilidad de las estrellas: La técnica está todavía naciendo.

El análisis de datos implica estudiar la señal de la fulguración durante unos segundos después, con la esperanza de detectar el reflejo de la superfulguración sobre el planeta. Quizá no sea obvio con una sola fulguración pero la acumulación de numerosos eventos podría terminar dando resultados estadísticamente significativos. Matemáticamente, implicará el análisis de autocorrelaciones en la fotometría. Lo bueno que tiene en planetas cuyos parámetros orbitales son más o menos conocidos, como Proxima b, es que se podrá predecir con qué retardo temporal nos llegará el eco.

En principio, bastaría con observatorios similares a los que detectan tránsitos, porque la idea es estudiar la curva de luz (la fotometría) de la estrella. La técnica, por desgracia, también es sensible al centelleo de las estrellas debido a la atmósfera de la Tierra. Es por ello que, al igual que ocurre con los telescopios cazadores de tránsitos, son mucho más eficientes si están en el espacio.

Resultados de un telescopio de 10 metros en órbita. Proxima b necesitaría un coronógrafo (5 órdenes) no demasiado avanzado. (Fuente: NASA. Crédito: Chris Mann)

De cualquier forma, los datos de TESS Y Kepler no son adecuados para detectar ecos. La principal diferencia radica en la cadencia, es decir, en que los tránsitos se producen en periodos de horas o minutos, mientras que las técnicas de detección de ecos requieren cadencias mucho mayores, con periodos muy inferiores al segundo.

El HST obtuvo datos fotométricos durante 10 días de la estrella HD17156, con una cadencia de 40 Hz. Aunque esta estrella tiene un exoplaneta en una órbita excéntrica, el análisis de los datos en busca de ecos no dio resultados positivos, debido quizá a la excesiva estabilidad y la falta de variabilidad de la estrella.

Si la detección de exoplanetas es una tema difícil, obtener indicios de estructuras como continentes en la superficie del planeta, parece ya de ciencia ficción. Implicaría la aplicación de la técnica en un buen telescopio con buenas capacidades de imagen directa, equipado con un coronógrafo de alto contraste...

Resultados de un telescopio espacial de 20 metros. Necesita un coronógrafo potente (8 órdenes). (Fuente: NASA. Crédito: Chris Mann)

En resumen, estamos ante una técnica con unas posibilidades más que interesantes, pero cuya viabilidad todavía está siendo evaluada. Quizá esta técnica debería recibir más atención, pues permitiría un análisis de la multitud de planetas que orbitan alrededor de estrellas activas, como Proxma Centauri.

Sigamos atentos.


Mi entrada sobre las superfulguraciones de Proxima Centauri.
http://exoplanetashabitables.blogspot.com.es/2018/05/revisitando-proxima-b-las.html

La nota de prensa de la NASA.
https://www.nasa.gov/directorates/spacetech/niac/2017_Phase_I_Phase_II/Stellar_Echo_Imaging_Exoplanets

El estudio de la técnica de los ecos.
https://ntrs.nasa.gov/archive/nasa/casi.ntrs.nasa.gov/20170002797.pdf

domingo, 13 de mayo de 2018

Revisitando Proxima b. Las Superfulguraciones de una Estrella Asesina.

Proxima Centauri, la estrella más cercana, es muy distinta de nuestro acogedor Sol. En las estrellas como el Sol el calor del núcleo (en el que se produce la fusión del hidrógeno), se traslada a la superficie de forma compleja. En el interior, el calor se mueve por procesos radiativos y conductivos, mientras en la zona más externa predominan los flujos de convección.

Representación artística de una estremecedora emisión de masa coronal de Proxima Centauri. (Fuente: Carnegie Institution. NASA. Crédito: Roberto Molar Candanosa)

La convección implica movimientos más o menos circulares de grandes masas de plasma solar, en los que las zonas calientes afloran mientras las más frías se sumergen. Estos movimientos de plasma, junto a la rotación de la propia estrella, producen campos magnéticos muy intensos, causantes de las tormentas solares.

Por su parte, Proxima Centauri es una enana roja, una estrella más pequeña y fría. Son estrellas menos masivas, de gravedad más reducida, en las que la opacidad interna a la radiación suele ser mayor. En estas estrellas, casi todo el calor del núcleo se transmite a la superficie por flujos convectivos. Suelen ser llamadas estrellas totalmente convectivas.

Estructura interna de estrellas atendiendo a su masa. En la enana roja toda la transferencia de calor se produce por convección, produciendo unos fenomenales campos magnéticos. (Fuente: Sun.org)

El resultado es que estas pequeñas enanas rojas, cuyos flujos convectivos suelen dominar su dinámica interna, desarrollan unos campos magnéticos muy muy intensos, que suele convertirlas en estrellas activas. La mayoría de las enanas rojas suelen ser fulgurantes, es decir, experimentan aumentos tan drásticos como momentáneos del brillo, consecuencia de su atormentado campo magnético.

La pequeña estrella Proxima Centauri es una estrella fulgurante. Está tan cerca que, desde hace tiempo, es objeto de un seguimiento intenso que no deja de aportar noticias, revelando una naturaleza violenta y activa. Más, incluso, de lo que inicialmente se pensaba.

Lo más relevante han sido las intensas superfulguraciones detectadas. Hace unas semanas Ward S. Howard et al. hicieron público un evento que ocurrió en marzo de 2016, hace más de 2 años.

Arriba, antes de la Superfulguración de Proxima Centauri. Abajo, durante la superfulguración Proxima Centauri pudo ser observada a simple vista (Fuente: Evryscope)

El momento del evento coincidió con la campaña del equipo Pale Red Dot que posteriormente permitiría el anuncio del hallazgo de Proxima b. El espectrógrafo HARPS pudo estudiar el espectro en el ultravioleta de la superfulguración.

El evento consistió en nada menos que una superfulguración en Proxima Centauri que incrementó 68 (!) veces su brillo. Tan intensa fue que la estrella pudo verse a simple vista. Como sabemos, no hay ninguna enana roja visible, pero brevemente Proxima Centauri fue visible sin instrumentos, alcanzando una magnitud de 6,8.


El evento de marzo 2016 (Fuente: Ward S. Howard 2018)

El descubrimiento fue realizado por Evryscope, formado por un conjunto de pequeños telescopios que observaron 8.000 grados cuadrados del hemisferio sur con una cadencia de 2 minutos. Evryscope observó Proxima desde enero de 2016 hasta marzo de 2018, detectando 24 fulguraciones grandes. El evento de marzo de 2016 fue 10 veces más intenso que cualquier otro detectado.

En lo tocante a la habitabilidad son malas noticias para Proxima b. En el paper se estima que la actividad de la estrella arrasaría el ozono de un planeta como la Tierra en apenas 5 años. Como sabemos, la capa de ozono es la que nos protege de los rayos UV más perjudiciales. Según el autor el evento de marzo de 2016 alcanzó en el UV una intensidad 100 mayor de lo que la mayoría de los microorganismos más resistentes pueden aguantar…

De cualquier forma, hay estrategias adaptativas que los organismos pueden adoptar para protegerse de una amenaza de este tipo. La más obvia es permanecer enterrado o sumergido, a salvo de las emisiones nocivas. En la Tierra primitiva no había oxígeno ni ozono y sí había microorganismos.

Pero es todavía peor. El efecto acumulado de las fulguraciones y la emisión de rayos XUV pueden destruir la atmósfera del planeta en unos miles de millones de años. Y sin atmósfera no puede un mar de agua en la superficie…

Claro, un planeta de cierto tamaño debería estar activo geológicamente y emitir gases que alimenten su atmósfera, creando lo que suele llamarse una atmósfera secundaria. Debería haber atmósfera aunque si hay mala suerte puede ser demasiado tenue.

De cualquier forma, no será fácil sobrevivir cerca de esta estrella asesina. Sé que no viene a cuento, pero no me resisto. En el distante futuro quizá algún navegante del espacio pueda hablar así de su viaje a Proxima Centauri (son unas líneas de la Odisea):

“Ninguna embarcación de hombres, en llegando allá, pudo escapar salva; pues las olas del mar y las tempestades, cargadas de pernicioso fuego, se llevan juntamente las tablas del barco y los cuerpos de los hombres. Tan sólo logró doblar aquellas rocas una nave surcadora del Ponto, Argo, por todos tan celebrada, al volver del país de Eetes; y también a ésta habríala estrellado el oleaje contra las grandes peñas, si Hera no la hubiese hecho pasar junto a ellas por su afecto a Jasón.”

Por cierto, seguimos sin noticias de Proxima c, el posible exoplaneta adicional. El análisis de 2017 no parecía nada concluyente y quizá se necesiten más datos.

Sigamos atentos.


2016. Davenport analiza las fulguraciones de Proxima con el satélite MOST.

2018. El reciente paper del equipo Evryscope.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Nuevos indicios de tránsitos en Proxima Centauri.

Se acumulan aún más indicios de tránsitos en Proxima Centauri. Es el tercer equipo que de forma independiente, utilizando un observatorio distinto, encuentra “algo” en la fotometría de Proxima Centauri.

 Sorprendente.

¿Podría Proxima Centauri tener tránsitos? (Fuente: HST. NASA)
Estos son los datos del nuevo evento:
  • Nuevamente, son meros indicios, de significatividad estadística reducida.
  • La campaña se realizó en 2016 (17 Agosto-27 Septiembre). Este evento de tránsito es del 25 de agosto de 2016.
  • El evento no es coherente con las efemérides del planeta Proxima b, cuyo descubrimiento, realizado por técnicas de velocidad radial, fue anunciado en 2016.
  • Según el autor, podrían estar asociados a otro planeta de tamaño terrestre más interior que Proxima b, con un periodo orbital corto, de unos 2/4 días. Pero claro, un planeta de tamaño terrestre tan cercano a su estrella, en un periodo de 2/4 días, para no ser detectado por el método de la velocidad radial tendría que tener muy poca masa (<0,4 Masas terrestres) y, por tanto, ser muy poco denso… y esto es algo que no parece tener sentido para un planeta tan caliente y cercano a una estrella activa.
  • El autor no comenta que la densidad obtenida por estos métodos suele ser muy imprecisa. Bastaría con que el radio fuera sólo un poco más reducido para que el supuesto planeta fuera una masa rocosa con una densidad similar a la de la Luna.
  • Se asegura que no parece una señal espuria. La distorsiones que a menudo produce la atmósfera no parecían relevantes durante el momento del evento. El telescopio fue desenfocado ligeramente para obtener algo de estabilidad en la fotometría.
  • Se considera que estos resultados podrían ser un artificio creado por el elevado nivel de actividad estelar de la estrella, aunque durante la detección del tránsito la estrella permanecía inactiva. Como sabemos, es una estrella con intensas fulguraciones (normalmente son filtradas).
  • Otra posibilidad que se apunta es que de alguna manera estemos observando objetos asociados a los discos de polvo, conglomerados de residuos, pero quizá, en ese caso, la forma del tránsito debería ser más errática, menos simétrica...

El nuevo indicio de tránsito. (Li, 2017)

Me da por pensar que ya parecen muchos indicios de tránsito. Todos son de una profundidad coherente con un planeta terrestre y una duración de algo así como una hora. Quizá uno a uno no son significativos, pero todos juntos…

En los precisos datos de MOST, analizados por Kipping, se impuso la condición a priori de que el periodo tenía que ser 11,3 días, porque se buscaba a Proxima b. Sin embargo, las estrellas como Proxima suelen tener más de un planeta, a menudo muy cerca, con periodos reducidos…

Kepler-42 es una estrella similar a Proxima Centauri. Es muy pequeña, del tipo M5, y habitualmente su sistema planetario ha sido considerado el sistema típico en este tipo de estrellas: muchos planetas muy pequeños en órbitas de periodo muy corto (de 0,45 a 1,86 días). Fueron detectados por Kepler porque tenían tránsitos, pero son tan poco masivos, que no son detectables por el método de la velocidad radial.

Las estadísticas del Kepler (Dressing) muestran que este tipo de planetas suelen tener 2,5 planetas de media. En este sentido, Proxima Centauri, con un único planeta en la zona habitable, parece un caso atípico. Sería esperable que Proxima b tuviera compañeros más pequeños y más cercanos, claro, con mucha mayor probabilidad de tener tránsitos. Si Proxima b tiene una probabilidad geométrica del 1,5%, estos pequeños planetas de Kepler-42 podrían tener un 10%...

El sistema planetario de Kepler- 42 es típico para las estrellas del tamaño de Proxima Centauri. Es un sistema pequeño, comparable con el de Júpiter, ¿no tiene Proxima planetas de pequeño tamaño y de periodo muy corto? ¿Es tan atípico? (NASA/JPL.)

De cualquier forma, los anillos de polvo no parecen estar en la inclinación adecuada y, si todo el sistema es coplanar, no debería haber tránsitos en Proxima.

Es posible que no estemos viendo otra cosa que errores sistemáticos de observatorios terrestres afectados por las condiciones atmosféricas o la actividad estelar. Otros observatorios (HAT) no han detectado nada.

Hay que seguir observando. Lo ideal sería hacerlo con observatorios en el infrarrojo, mucho más estables frente a las fulguraciones.

Sigamos atentos, que esto está que arde.


Kipping, 2016.

Kipping, 2016


Liu, 2017


2016. Se identifican tránsitos con una significatividad estadística que no es muy elevada. Algunos son coherentes con el planeta. Otros no. (Kipping)

Mis comentarios sobre el artículo de Kipping.

2017. Nuevos indicios de tránsitos de un equipo independiente . Son coherentes con el planeta, salvo algún desfase explicable (TTV). (Hui-Gen Liu et al.)

Mis comentarios:

2017. Yiting Li et al. Más indicios de tránsitos.

Los comentarios escépticos del astrónomo Hugh Osborn.


domingo, 26 de noviembre de 2017

Indicios de tránsitos de exoplanetas en Proxima Centauri.

Nuevamente aparecen indicios de tránsitos en la estrella más cercana. El tránsito (lo recordamos) se produce cuando el exoplaneta pasa entre nosotros y la estrella. Sería fenomenal que Proxima b produjera tránsitos porque permitiría estudiar la atmósfera más fácilmente. Prudencia. Todo conduce a que son meros indicios, no se puede hablar de que se haya detectado realmente un tránsito.

Proxima Centauri vista por el Telescopio Espacial Hubble. (Fuente: ESA/NASA)

No debería ocurrir, los estudios de velocidad radial que permitieron la detección de Proxima b no aportan demasiada información sobre la inclinación de la órbita del planeta. Sin embargo, un mero cálculo geométrico muestra que la probabilidad de que Proxima b esté transitando es menor del 1,5%. De cualquier forma, si hubiera tránsitos, Proxima Centauri es tan pequeña que no serían muy difíciles de detectar, con una profundidad más o menos del 0,5%, alcanzable desde telescopios terrestres.

Además, la reciente detección de posibles cinturones de polvo en Proxima Centauri, quizá con una inclinación de unos 45 grados, hace pensar que si la órbita del planeta fuera más o menos coplanar con la arquitectura de los cinturones (como ocurre en el Sistema Solar), no habría tránsitos.

No obstante, tras el anuncio del hallazgo del planeta, David Kipping del CfA mostró en 2016 los resultados de sus estudios de la fotometría de Proxima Centauri, aprovechando las notables capacidad del pequeño telescopio espacial MOST, de 15 cm de apertura. David observó la estrella durante 12,5 días en 2014 y 31 días en 2015. Tres señales interesantes fueron detectadas, que bien podían ser algún tipo de distorsión o alguna sencilla fluctuación estocástica de los datos.
Una de las señales detectadas por MOST. Por desgracia la señal S, de la que se detectaron 4 eventos, no era coherente con las efemérides del planeta detectado por velocidad radial (Fuente: Kipping, 2016)

El más prometedor parecía la llamada señal C, una señal coherente con los parámetros de Proxima b, pero muy débil, con una significatividad estadística realmente muy baja. Aparecía otra señal más, con cierta significatividad (la señal S), pero incoherente con la información de las efemérides que se tenían del planeta. La llamada señal T no era real, por ser claramente espuria, debido a la forma del tránsito en V.
De la señal C se tenían 2 eventos de tránsito, y es además coherente con las efemérides del planeta. (Fuente : Kipping, 2016)

Por su parte, el húngaro Gaspar Bakos, al frente de su red de telescopios HAT-Sur también estudió la estrella, sin obtener ningún resultado positivo. De hecho, la señal C no aparecía, y parecía poder rechazarse con un nivel de 1 ó 2 σ.
La señal T era la más frágil de todas. Su forma en V no respondía con nuestra intuición. (Fuente: Kipping, 2016)

En principio, aunque lo que sabemos de Proxima Centauri nos induce a pensar que no debería haber tránsitos, aparecen nuevamente indicios. El astrónomo chino Hui-Gen Liu y sus colaboradores han seguido analizando la fotometría de la estrella desde el Antártico con un telescopio de 30 cm. Ubicados en la base china Zhongshan, a casi 70 grados latitud sur. En unos años esperan trasladar el telescopio, que está adaptado para operar a muy bajas temperaturas, a la base de Kunlun, a unos 80 grados de latitud sur y 4.000 metros de altura. Se benefician así del largo invierno del Antártico y sus prolongada noche invernal que les permite observar el cielo de forma ininterrumpida y de la enorme calidad del cielo del polo Sur, casi siempre sin nubes. Quizá sea el mejor cielo de todo el planeta.
Estación china en la que está instalado actualmente el telescopio utilizado para detectar el supuesto tránsito. (Fuente: Wikipedia. Crédito: Alexrk2)
La fotometría fue obtenida durante 10 días seguidos de la noche invernal antártica, desde el 29 de agosto hasta el 21 de septiembre de 2016. El presunto tránsito detectado es razonablemente coherente con las efemérides que se derivan del modelo de velocidad radial, pero no es del todo coherente con las más precisas predicciones que se derivan de los dos eventos que conforman la señal C por apenas 138 minutos, así que se propone que haya TTVs, es decir, retrasos o adelantos en el tiempo de paso en los tránsitos derivados de la interacción de Proxima b con otros hipotéticos planetas no detectados por velocidad radial.
El indicio de tránsito parece coherente con la señal del planeta descubierto por velocidad radial y con la señal C de Kipping. (Fuente: Hui-Gen Liu, 2017)

Finalmente, es importante saber que la significatividad estadística del indicio es de apenas un 2,5 σ. No es gran cosa. Se necesitan más datos para confirmar o desmentir el indicio. En principio esperan seguir trabajando en el tema durante el próximo invierno del hemisferio sur, quizá en la nueva base de Kunlun.

En principio no deberíamos esperar demasiado de estos eventos, porque la fotometría de esta estrella puede estar distorsionada por las abundantes fulguraciones. De cualquier forma, no hay que dejarlos desatendidos porque podrían terminar siendo algo importante.

Sigamos atentos, las noticias sobre este sistema son constantes.



2016. David Kipping lidera un equipo que detecta indicios de tránsitos en Proxima Centauri.

Mis comentarios sobre el artículo de Kipping.

2017. Hui-Gen Liu et al. Detectan indicios adicionales de tránsitos.









domingo, 12 de noviembre de 2017

Proxima Centauri y la historia de los cinturones de polvo.

El descubrimiento de cinturones de polvo en Proxima Centauri hace necesario entender mejor su historia. De esta manera, podemos enmarcar el hallazgo en su contexto.

Espectacular imagen de Fomalhaut tpmada por el HST. Se puede apreciar la evolución del planeta Fomalhaut b. (Fuente: NASA)

En los años 80 no se conocían planetas en otras estrellas distintas del Sol. El único sistema planetario estudiado hasta entonces era el Sistema Solar. Fue entonces cuando algo empezó a cambiar, con la puesta en órbita de IRAS, el primer telescopio infrarrojo.

La sorpresa llegó enseguida, cuando los instrumentos del nuevo telescopio IRAS se estaban calibrando. Para ello, se enfocó a Vega, una estrella bien conocida, de la que no se esperaban sorpresas. Cuando apareció un exceso en el infrarrojo muchos pensaron que era un defecto fatal del dispositivo. Sin embargo, tras muchos test se verificó que el telescopio funcionaba correctamente.

El telescopio espacial IRAS detectó lo que se llama “un exceso en el infrarrojo”. Es decir, en el espectro de distribución de energía de una estrella aparecía un flujo en el infrarrojo superior al esperado.

Y, además, la estrella Vega no era la única; había otras más, muchas más. Por si fuera poco, en 1984 se consiguió obtener la primera imagen del disco que rodeaba a la estrella Beta Pictoris.

En unos años había cuatro famosas estrellas en las que se tomaron imágenes de discos. Las llamaron “Las Cuatro Fantásticas (The Fantastic Four)”: Beta Pictoris, Vega, Fomalhaut y Epsilon Eridani.

Imagen del planeta de Beta Pictoris b (Centro) sobre la imagen del disco de debris de la estrella (Fuente: ESO. Crédito: Lagrange, 2008).
Se comprendió enseguida que los discos de escombros (debris) eran el remanente del proceso de formación del sistema planetario, en el que ya no quedaba gas. En estos discos de escombros se producían colisiones en cascada que terminaban produciendo un polvo que emitía intensamente en el infrarrojo.

Llegaron nuevos telescopios espaciales en el infrarrojo medio y lejano, como el ISO, que en los 90 amplió el número de estrellas que mostraban un “exceso en el infrarrojo”. 

La llegada del telescopio Spitzer aportó nuevas imágenes de discos durante su fase criogénica (2003-2009). Fue capaz de resolver el disco que rodeaba a muchas estrellas. Pero fue realmente Herschel (2009-2013), con su apertura de 3,5 metros, el telescopio espacial que permitió que ahora se conozcan cientos de discos de escombros (debris) similares comparables con nuestro cinturón de Kuiper.

Imagen del disco de Epsilon Eridani en la banda submilimétrica. (Fuente: SCUBA. JCMT. Jane Greaves.)

Muchas de la estrellas grandes (A) tienen discos. La mejora de las técnicas de imagen de alto contraste permitió identificar planetas en ellas: Fomalhaut, Beta Pictoris, HR 8799, HD 95086, etc. proporcionando imágenes espectaculares.

Esquema del sistema Epsilon Eridani comparado con el Sistema Solar. (Fuente: NASA JPL Caltech)


En las estrellas pequeñas (M) apenas se detectaban discos. Quizá si los hay, pero no son lo suficientemente grandes para poder detectarlos. Estaba el caso de GJ 581 y Au Mic.

En las estrellas del tipo solar (FGK) los resultados estadísticos eran que un 16%-22% podían tener discos. Parece que hay cierta correlación entre la presencia de discos y planetas pequeños. Resultaba que las estrellas con exoplanetas no muy grandes (< 100 masas terrestres) suelen tener discos. En las que tenían gigantes gaseosos se sospecha que de alguna forma los destruyen. Tengamos en cuenta (modelo de Niza) que posiblemente los gigantes gaseosos dejaron el Cinturón de Kuiper en un 1% de lo que fue en su origen.

Tau Ceti, 82 G. Eridani (HD 20794), 61 Vir, HD 69830, HD 38858 son casos de estrellas del tipo solar con discos y posibles planetas pequeños. Hay casos más difíciles, como Epsilon Eridani, que parece que tiene un gigante gaseoso y enormes cinturones.

Actualmente, los telescopios espaciales en el infrarrojo IRAS, ISO, el Spitzer criogénico y Herschel han dejado de funcionar. Sin embargo, ahora tenemos a ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) un sistema interferométrico de antenas instaladas en el desierto de Atacama. 

Imagen del disco de HR 8799, sistema famoso por tener 4 planetas obtenidos por Imagen de al ta resolución (Fuente: NASA JPL_Caltech)

Cuando se obtienen imágenes en el infrarrojo lejano la localización del verdadero anillo, con los planetesimales, no es clara. Y es que en el infrarrojo se ve el polvo que generan las colisiones entre los cuerpos y este polvo se mueve por, por ejemplo, la radiación o el viento estelar. ALMA sin embargo, estudia el polvo en la escala del milímetro y es sensible a partículas más grandes que los telescopios infrarrojos, De esta manera, los resultados estarán más cerca de la localización real de los discos de escombros.

Imagen de un disco protoplanetario obtenida con ALMA. No confundir con un disco de escombros (Debris), que describe una fase posterior a la formación de planetas (Fuente: ALMA)

Y conociendo realmente bien dónde están los cinturones de planetesimales se pueden identificar resonancias o procesos que permitan intuir dónde están los planetas.

Y ahora volvamos sobre Proxima Centauri:

  • Los cinturones detectados en Proxima Centauri son bastante débiles. El cinturón principal (1-4 UA), podría tener una masa similar al Cinturón de Kuiper. 
  • Para confirmar el disco más externo (30 UA) se necesita más información pero, si se confirma, sería un extraño cinturón no comparable con nada del Sistema Solar. Se han detectado casos parecidos, como el cinturón de la cercana estrella Groombridge 1618. Esta estrella tiene un extraño anillo muy frío.
  • El extraño objeto a 1,6 UA hace volar nuestra imaginación. La posibilidad de que sea un gran planeta que, por su lejanía, haya pasado desapercibido para las campañas de velocidad radial no deja de ser sugerente, aunque quizá debería tener menos de 100 masas terrestres. Seamos cautos. Tenemos el ejemplo de la estrella con planetas (55 Cancri), en la que se detectó un “exceso en el infrarrojo” con IRAS que luego (en 2002) terminaron siendo galaxias lejanas que aparecían en el fondo. Es verdad. Estas situaciones que se produjeron con IRAS son mucho menos probables con un sistema de la potencia de ALMA. No obstante, sería muy interesante estudiar nuevamente el sistema con ALMA, para ver si los objetos siguen mostrándose pasados unos meses.
  • Los resultados del equipo Red Dots deberían mostrarnos si es posible confirmar la presencia de ese planeta Proxima c, que podría estar relacionado con el más interior y caliente de los cinturones (0,4 UA) 

Finalizando, lo único que tengo claro es que el sistema de Proxima Centauri renueva su interés. Cada vez me emociona más. 


Sigamos atentos.



Relación sistemas resueltos a menos de 10 parscs (33 años luz). Se echan de menos Groombridge 1634 (4 parsecs) y 82 G. Eridani (6 pasecs). Quizá el autor considera que no se ha alcanzado un resolución completa de esos discos.


2011. Herschel detecta débiles cinturones con una luminosidad reducida, similar a la del Cinturón de Kuiper, pero mucho más fríos. Entre otras, destaca la cercana estrella Groombridge 1618.

2012. Wyatt resuelve con Herschel el disco de la cercana estrella 61 Vir usando el telescopio Herschel. Además analiza la relación entre la presencia de discos y planetas.

2014. Herschel observa el disco de Tau Ceti.

2015. Kennedy muestra los discos de algunas estrellas cercanas (incluyendo la cercana estrella 82 G. Eridani) analizando la relación entre los discos y sus planetas.

2016. Montesinos explica que un 22% de las estrellas del tipo solar (FGK) podrían tener discos. La introducción del paper es muy interesante.

2016. ALMA observa el cercano sistema Tau Ceti.

2017. ALMA observa el cercano sistema Epsilon Eridani.

2017. ALMA observa el disco de 61 Virginis, un sistema con exoplanetas.

2017. Estudio del disco de Fomalhaut con ALMA.

2017. Cinturones de polvo en Proxima Centauri con ALMA.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Cinturones de polvo alrededor de Proxima Centauri, la estrella más próxima.

El sistema planetario de Proxima Centauri, la estrella más cercana, podría ser mucho más complejo, más rico y más misterioso de lo que suponíamos. Estos enigmáticos cinturones de polvo podrían revelar que sólo ahora estamos empezando realmente a comprender este sistema planetario.

Representación artística de los cinturones de polvo alrededor de Proxima Centauri (Fuente: ESO. Crédito: M. Kommesser.)

Lo conocido hasta ahora lo sabemos todos, pero lo recuerdo. Se tiene bastante seguridad sobre la presencia de Proxima b, a 0,05 UA de la estrella, un planeta de masa algo superior a la terrestre. Además, hay indicios no confirmados de la presencia de Proxima c, otro planeta más, quizá algo más grande, quizá a unas 0,3-0,4 UA.

Sin embargo, resultados recientes obtenidos por el Observatorio ALMA (uno de los múltiples estudios iniciados para apoyar al equipo Red Dots), muestran discos de polvo.

La nueva estructura del sistema (Fuente: Guillem Anglada, 2017)


Parece detectarse un cinturón de polvo frío entre 1 y 4 UA, quizá a una temperatura de sólo 40 K (inferida por si distancia a la tenue estrella), con una masa total cercana a 0,01 masas terrestres. El polvo es el resultado de colisiones entre asteroides en un cinturón similar al de Kuiper de nuestro Sistema Solar.

La estructura del sistema es compleja. Pudiera haber un extraño cinturón adicional a 30 UA, todavía más frío (10K); así como otro cinturón más caliente, a apenas 0,4 UA (¿cerca de Proxima c si existe?).

Por si esto fuera poco, se detecta un objeto sorprendente a unas 1,6 UA. Podría ser una galaxia de fondo o una colisión entre asteroides reciente, aunque se considera improbable. Si es así desaparecerá en futuras observaciones:

“Finalmente, una excitante alternativa es que la fuente describa un anillo de polvo rodeando a un planeta gigante todavía no descubierto a una distancia (proyectada) de 1,6 UA (período orbital de 5,8 años).”

(“Finally, an exciting alternative scenario is that the source traces a ring of dust surrounding an as yet undiscovered giant planet orbiting at a (projected) distance of 1.6 au (orbital period 5.8 yr).”)

Podría ser un gigante con un anillo como el de Saturno… ¿puede ser más emocionante?

Otros de los aspectos interesantes es que los cinturones parecen estar inclinados 45 grados. Si suponemos que la órbita de Proxima b es más o menos coplanar con los cinturones, nos daría que la masa de este planeta no supera las 2 masas terrestres, y esto es una magnífica noticia.

En el Sistema Solar tanto el Cinturón de Kuiper como el Cinturón de Asteroides están pastoreados y controlados por resonancias con los planetas gaseosos.

¿Qué puede estar escondido en los huecos que quedan entre esos cinturones de polvo?

Sigamos atentos, que lo más emocionante está por llegar. 

El autor principal del artículo es Guillem Anglada Pons del IAA, y no debe ser confundido con Guillem Anglada Escudé, el descubridor de Proxima b, que es coautor de este artículo. (Fuente: IAA. http://revista.iaa.es/content/hh30-el-jet-que-no-tenia-cabeza)

El artículo de Paul Gilster en Centauri Dreams.

https://www.centauri-dreams.org/?p=38679

2017. El anuncio del sorprendente hallazgo.

https://arxiv.org/abs/1711.00578

domingo, 29 de octubre de 2017

Revisitando Proxima b, el exoplaneta más cercano (y II). Habitabilidad.

La recolección de datos de la campaña de 2017 del equipo Red Dots se han cerrado con el mes de septiembre, y estamos a la espera de la publicación de los resultados para saber si Proxima b tiene acompañantes. Mientras esperamos, no está mal darle un repaso a lo conocido de este inquietante planeta.

Tras la primera entrada sobre Proxima b, dedicada a la detección y la estructura interna del planeta, toca ahora ver qué se sabe de su habitabilidad, tema sobre el que se escribe mucho y sin demasiado rigor... Los datos son escasos y los planteamientos suelen ser altamente especulativos.

Esta representación artística de Kepler-438 b bien podría ser aplicada también a Proxima b (Fuente: University of Warwick. Crédito: Mark A. Garlick)

La Actividad Estelar. 

Si del planeta no se sabe gran cosa, la estrella Proxima Centauri es una estrella bien conocida, que ha sido estudiada minuciosamente. Se disponen de datos que permiten asegurar que no es fácil prosperar cerca de Proxima Centauri. Esta estrella asesina intentará matar a todo lo que intente sobrevivir en su Zona Habitable.



Esto es lo que le espera a Proxima b. Eyección de Masa Coronal del 31 de agosto de 2012, vista desde el Solar Dynamics Observatory.  (Fuente: NASA Goddard Space flight Center)

Actividad lo llaman: Fulguraciones, Eyecciones de Masa Coronal (CMEs) y todo tipo de alteraciones magnéticas, por no hablar de que durante su juventud la estrella debió tener una elevada luminosidad que debió aumentar la irradiación durante millones de años.

Proxima Centauri es una estrella muy diferente de nuestro Sol. Comparando con el Sol, su masa es 8 veces menor, su luminosidad un 0,15% y su densidad 40 veces mayor.

Y nadie querría estar cerca de esta estrella durante una tormenta magnética. Las observaciones de Ribas et al. revelaron que el flujo medio en el XUV que recibe Proxima b es de 0,293 W/m2, algo así como 60 veces el que recibe nuestra Tierra.

Muchas personas suelen pensar que el problema reside en que la hipotética Vida del planeta tendría que sobrevivir a intensas radiaciones de rayos X o UV, pero esto no es así. La Vida encontraría la forma de adaptarse. La adaptación más obvia sería permanecer enterrado o sumergido, a salvo de la radiación.

La amenaza real es mucho peor. Si no está protegido por un buen campo magnético, un planeta sometido a esta actividad estelar tan intensa, puede perder su atmósfera como un barco que pierde su velamen en mitad de una tormenta, quedando a la deriva. Un planeta sin atmósfera no puede retener mares en su superficie. No sería habitable en el sentido tradicional, aunque de alguna manera podría retener mares internos.

Lo cierto es que si el planeta va bien pertrechado con un buen núcleo metálico y una buena rotación, puede tener un campo magnético decente, y quizá consiga aguantar. En ese caso, el planeta mostraría un aspecto espectral, eléctrico, y estaría dominado por intensas auroras. De color verde si la atmósfera tiene oxígeno...

Una representación artística de Proxima b. Quizá esta bucólica imagen no sea muy realista.(Fuente: ESO. Crédito: M. Kommesser)




La Habitabilidad de Proxima b.

El anuncio inicial del hallazgo de Proxima b del que apenas se conoce su distancia a Proxima Centauri (0,05 UA), una acotación inferior de la masa (1,27 veces la de la Tierra) y poco más, fue seguido de un abundante material sobre la habitabilidad del planeta.

El anuncio del magnífico hallazgo durante el verano de 2016, incluía el primer (y prometedor) análisis sobre la habitabilidad del planeta basado en los clásicos modelos 1-D de Kopparapu (2013, 2014), poniendo de relieve que Proxima b estaba confortablemente ubicada en la zona habitable.

Siguieron enseguida dos estudios muy detallados sobre la habitabilidad de Proxima b basados en modelos adaptados a las especificidades del planeta. Uno de ellos era un modelo 3-D de circulación global (Turbet, 2016); y otro más simple, y a la vez más versátil, basado en un modelo 1-D (Vicky Meadows, 2016). Ambos mostraban que, asumiendo hipótesis razonables, había esperanzas para la habitabilidad de Proxima b. Aparecían típicamente planetas que bajo el punto subestelar (en el eterno mediodía) eran capaces de albergar océanos de agua líquida, siempre que hubiera acoplamiento de marea, entre otras condiciones. Si había otro tipo de resonancias, como la 3:2 (3 rotaciones por cada 2 órbitas, como Mercurio) las cosas se complicaban un poco y era necesario algo más de CO2 para calentar el planeta.

Posibles distribuciones de temperatura para diversos escenarios dependiendo de rotación y composición atmosférica. Los sincrónicos parecen ser más prometedores. (Fuente: Turbet et al., 2016)

Posteriormente, ya en 2017, apareció el estudio de Boutle et al. realizando correcciones a la baja sobre el de Turbet en la irradiación que el planeta recibía de la estrella. El resultado eran planetas más fríos, sobre todo en la zona de la noche eterna, pero que seguían teniendo posibilidades de albergar mares en la superficie.

Escenarios de Boutle con acoplamiento de marea. No son muy diferentes de los de Turbet. (Fuente: Boutle, 2017)


Aunque más fríos, los escenarios de Boutle et al. para la resonancia 3:2, con y sin excenmuestran algunos escenarios prometedores. (Boutle et al., 2017)


Recientemente, hemos leído un artículo más complejo aún (Del Genio, 2017), que tiene en cuenta, además de la circulación atmosférica, el efecto sobre el clima de  la circulación de los mares del planeta. Si los anteriores modelos dependen de muchas variables  que se asumían a priori, este, al ser más complejo, tiene todavía más. Un ejemplo es el efecto de la salinidad de los mares en el clima del planeta, si es que hay, que es totalmente desconocida.

Los modelos de Del Genio son más complejos y dependiendo de, por ejemplo, la salinidad y la presencia de hielos en la superficie aparecen distintos escenarios. (Fuente: Del Genio et al., 2017)

Todos los estudios muestran posibilidades para la Vida en Proxima b, pero son meros modelos teóricos. Algún día los ELTs estudiarán la atmósfera de Proxima b, tendremos datos para saber qué pasa allí, y abandonaremos esta situación altamente especulativa.

Y fin, en breve tendremos más noticias sobre este planeta y sus posibles acompañantes.

Atentos todos.




La página del equipo Red Dots, que sigue estudiando la estrella.

2016. La detección de Proxima b por el equipo Pale Red Dot.

2016. Martin Turbet explica cuales son los posibles climas que pueden primar en Proxima b partiendo de su rotación, el agua disponible y la composición de la atmósfera.

2016. Victoria Meadows nos describe los posibles climas de Proxima b. Una paper muy interesante, mostrando una gran riqueza de escenarios posibles.

2017. Mis comentarios sobre el artículo de Meadows y Turbet.

2017. Boutle et al. revisan el planteamiento de Turbet con una irradiación menos elevada.

2017. Ignasi Ribas et al. analizan el espectro de la estrella Proxima Centauri.

2017. Anthony D. Del Genio revisan la habitabilidad de Proxima b desde un planteamiento más global y complejo.